Samuel Maldonado Silva
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1916-1988
   
   
   
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Centenario
Discurso de Pedro Olmos
Linares, 1988
(Texto de acuerdo a manuscrito del autor) Hoy rendimos un homenaje a Samy pseudónimo con que fue conocido entre nosotros Samuel Maldonado Silva. Su lema de periodista: Con la verdad no ofendo ni temo le trajo más de un problema. Buen cateador de la noticia le entregaba ironía y humor. Fue un poeta que buscó la belleza a todo trapo y un bohemio digno de ser un personaje de Murger, profesión de difícil uso en la provincia. Hijo de un pastor protestante y de una misionera de la misma estirpe, nació en Valparaíso el 3 de setiembre de 1916. Sus primeros intentos intelectuales los publicó en el tradicional Peneca. Colaboró en diversas publicaciones y llamándole la atención a don Alejandro Vivanco lo contrató para escribir en El Heraldo periódico del cual era Director, 1939. Vino por tres meses y se quedó por 22 años en El Heraldo. Fue corresponsal por largos años de El Mercurio de Santiago. Sus campañas periodísticas o sus columnas pronto llamaron la atención: la ironía de las Cartas de doña Clarisa y su Sucesos de Radio Soberanía, adonde llegó a ser Jefe de Prensa le dieron prestigio. Le sugerí que Sucesos fuera un periódico y allí nos fuimos en collera. Fue un cordial negocio, vendíamos el aviso con la entrega de Sucesos en las casillas, pero no eramos personas para estar bajo tal yugo y un día de primavera con otra amiga gastamos las ganancias en el Londres Chico, refugio de intelectuales, jubilados y empleados públicos. Se casó en Linares con Isabel de la Fuente: 7 hijos: Nancy, Samuel, Jaime, Lolita, Francia y Daniel casi todos picados por la araña del papel impreso. Doña Isabel aportó un extraño historial al matrimonio: su padre (en realidad, su abuelo) era prestidigitador, hipnotizador, en fin, un mago para entendernos mejor. Fuera de tal oficio que lo llevó por todo el continente, era hombre sagaz y valeroso, en uno de sus viajes el barco se incendió, allí perdió todos sus bártulos pero fue reconocido por todos y comentado en los periódicos como el héroe de la jornada. Desde que lo conocí fuimos amigos. Le ilustré su novela El Ambito Silencioso y Canto para Soledad que consiguió magnificar críticas. De su obra, mi favorita es el poema Desagravio al Chancho en Piedra que aparece en su Arte del buen manducar en Panimávida, libro que las Termas regalaran un fin de año a sus visitantes. Samy era en el fondo un solitario, irónico y hosco. Contradictorio como su padre que era pastor protestante y sin embargo, empuñó el corvo de Arica a Miraflores en la guerra del 79. Samy no lo hacía mal, le agradaba ponerse arreos de nacista y sin embargo sus afanes socialistas eran tales que la única vez que lo vi aseriado fue cuando salió a defender a un amigo por tales ideas en un chinchel de la calle Chacabuco. Al volver a Chile le sugerí formáramos en Linares un grupo intelectual, Samy sugirió el nombre Ancoa, Manuel Francisco Mesa Seco y Alberto Reyes Lapiedra, también recientemente fallecido, fueron los otros apóstoles. Samy a la primera vuelta se fue del grupo. Fundó una hermosa revista. También la llamó Ancoa. Esta murió, el Grupo Ancoa sigue viviendo. Amigos suyos fueron Manuel Guerrero, Nicomedes Guzmán, Carlos Sepúlveda Leyton, el maestro García, Edilberto Domarchi, etc. Para todos tuvo amplia y generosa casa y muchas veces llegamos a ella a engullir… de longaniza y garrafas de vinos del Melozal. Su amigo predilecto fue un hombre extraordinario que pasó silenciosamente por la vida: Manuel Morales Basoalto. Poemas a Cuatro voces es un libro que realizó con otros tres poetas avecindados linarenses: Manuel Francisco Mesa Seco, Rubén Campos Aragón y Alberto Reyes Lapiedra. Pero de su labor literaria hablarán otros en breves instantes más. No fue tras el aplauso ni el homenaje cosas que naturalmente consiguió. Sin embargo sigue en esto de lo inverosímil. En su Antología de Poetas del Maule no lo ubica Matías Rafide por ser de Valparaíso y otro estudioso, cuyo nombre no recuerdo, al publicar una reseña de los escritores porteños no lo coloca por haber sido un escritor netamente maulino. Como buen periodista murió el Día de la Prensa, el 13 de febrero de 1988. Debe estar ayudándole a San Pedro a hacer boletines o mejor aún tipeándole otro Apocalipsis a San Juan. Porque de Samy no diremos nosotros la última palabra, nos faltaría ese ambiente jocundo-solitario que siempre cultivo.
 
Acerca de la gran omisión de Matías Rafide

Jaime González Colville

El Heraldo el 8 de junio de 1975

 
Desde 1938 en que publicó Mar de Caracoles, la dedicación de Samuel Maldonado Silva a las letras se acerca ya a los cuarenta años. Ha creado sin alardes, sin vocear su condición de escritor, quizás debamos decir que su característica sea el retraimiento y la no-ostentación. Durante una semana me di al serio trabajo de leer detenidamente su obra, novela y poesía, hay una calidad que salta de inmediato a la vista: Maldonado Silva es más poeta que prosista.Poeta inspirado, de buen acento, de generoso vuelo, mi atención se ha concentrado en “Cantos para Soledad”… ¿Por qué un libro tan valioso permanece semi olvidado? ¿Por qué no se recogió el nombre de este autor en la antología “Poetas de la Región del Maule” del Dr. Matías Rafide? Publicado en 1961, con dibujos de Pedro Olmos y excelente tipografía, el libro es un monólogo de amor, un grato resumen de reflexiones, de lenguaje tierno, lleno de iridiscencias, sentimentales y amatorias: de la piel tan sedosa del durazno. que asemeja tu tez adormecida. palabras con sabor de miel y guinda que alhajan el sendero del ensueño. Suena a corazón, a alma de desbordada sensibilidad, se ha depurado su acento desde Ronda de Ansias de 1946, aunque persiste un cierto sabor surrealista y una visión sosegadamente optimista de la vida. La esencia vital de estos poemas está marcada por la naturaleza, Maldonado recurre a ella como lo haría Machado, para acentuar su existir: y quisiera también deciros, niña, que amo la estrella que su luz suspende allá en la altura solitaria. “…que adoro el cristalino son del agua que entre peñasco va buscando el mar y va a su paso fecundo el musgo que su esmeralda en la ribera luce …” Como Villaespesa que pide ternura para lo que rodea al hombre, Maldonado Silva identifica a su amor con la maravilla de la creación, resabios mundonovistas en que nuestro coterráneo Francisco Contreras, fue un teorizador. La visión del mar, o una conmovedora elegía a Manuel Morales Basoalto integran un volúmen homogéneo y engastado de imágenes bien logradas. Maldonado Silva merece figurar entre los poetas de antología de nuestra región, su obra es seria, bien concebida y enmarcada en una gran conciencia literaria, El Ambito Silencioso (1958), pese a tener vacíos de estructura, recuerda a aquel boticario de Roble Huacho de Daniel Belmar, mientras que En Tinieblas anda el Hombre (1940) es el drama del hombre acosado, con las interrogaciones desgarradoras de las vidas sin horizontes. Cantos para Soledad es uno de esos libros que se cierran suavemente y no se suelta de inmediato, es imposible no volver a oír, por ejemplo: allí está la casa antigua con aire de campiña desolada, hermana de la pena y del olvido, luciendo su tez no maquillada. ahí la casa antigua, niña, con todo su bullicio derrumbado.