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Samy, mi padre, me llevó de la mano. Quería que lo acompañara a la imprenta
y mientras el terminaba de escribir algunas crónicas para el otro día,
me permitió jugar por ahí, "sin tocar nada". Los tipos eran una curiosas
barras de metal y había miles por todas partes. Los trabajadores las juntaban
por cientos en unos moldes que tenían la precaución de amarrar con una cuerda
para que no se empastelaran.
El era un experto que había estudiado Artes Gráficas. Me explicó que los tipos
móviles los había inventado un tal Gutemberg en la Edad Media, y también, con
el pasos de los años, y después de varias visitas, me fue transmitiendo la
curiosidad por esta especie de arte y ciencia que fue la tipografía.
Los tipos móviles tienen una altura fija y un tamaño que se mide en cíceros.
Tiene una ranura llamada cran para permitir que el tipógrafo puede ponerla
siempre en la misma forma, sin tener que mirarla. Claro, debe leer el texto
que entregó el periodista y "parar tipo" sin mirar. Cada letra está en un
casillero de la "galera", llamada así la caja dividida en varios casilleros
de diferentes tamaños.
Las artes gráficas de aquellos años exigían varios talentos, entre otros,
una ortografía decente, carencia que mi padre me criticaba ásperamente.
También había que tener una percepción de la proporciones, había que ser
buen diagramador, especialmente cuando se trababa de diarios o revistas.
La diagramación se hacía ahí mismo, parando tipo y siendo atinado en el
uso de todo lo que había en la imprenta. Siempre escaseaban las ilustraciones
y las fotografías, ya que éstas se imprimían por medio de un "clisé", una
placa que contenía la imagen en relieve que se fabricaba por medio de un
proceso fotográfico complicado.
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