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Félix Maldonado Miranda
Historia de un guerrero
Santos y Gregoria se habían avecindado en la pequeña localidad de Peumo,
ubicada a unos 50 kilómetros al oeste de Rancagua.
Por aquel tiempo, la vida provinciana, en las zonas rurales solía ser mejor,
ya que era fácil tener una huerta y vivir de esa tierra prodigiosa.
También en esa parte de Chile, tan cercana a Santiago, encontraban su
residencia muchas familias adineradas que vivían de la agricultura.
Peumo había sido fundado antes de 1585, a juzgar por documentos de los
tiempos de la conquista que lo citan. El jesuita Alonso Ovalle asociaba el
nombre al concepto de país de alegrías o lugar de diversiones.
Originalmente, las tierras de Peumo pertenecían a la “encomienda de Alhue”
que poseía Inés de Suárez.
Aparte de las historias tenebrosas de la aparición del diablo y los amoríos
de doña Inés y Pedro de Valdivia, con los años Peumo se convirtió en un
valle fértil y tranquilo. A mediados del siglo 19, con la ascensión al
poder de Manuel Montt y la revolución de 1851 devino un tiempo de
realizaciones y cierta tranquilidad, así que en 1853, cuando Santos
Maldonado y Gregoria Miranda se aprestaban a recibir a su primer hijo, lo
podían hacer con cierta tranquilidad.
Así fue la nascencia de Félix Maldonado Miranda, quien llegaría a tener una
larga vida marcada por los sones del florecimiento de la nación.
Su vocación militar fue más poderosa que las habilidades que exhibió primero
como carpintero y luego como constructor; a los 19 años hizo su servicio
militar y 7 años después, habiéndose declarado la guerra con el Perú, se
enrola un día 7 de Abril de 1879 en el 4º Regimiento de Línea.
Estando al mando del joven General Estanilao del Canto, es destinado a
Pisagua, Dolores, Tacna, Arica, Chorrillos y Miraflores.
Justo tres meses después el 7 de junio de 1880 participa en la famosa Toma
del Morro de Arica.
Lamentablemente, debido a una herida complicada, es dado de baja; pero con
honores, según el libro “Registro de Chile, Campaña de Lima, Chorrillos y
Miraflores” editado en el Callao en 1881. También se mencionan las medallas
recibidas y una pensión de gracia.
Para Félix había terminado el primer capítulo de su vida, donde había
demostrado su temple y valentía. Con cierto pesar, volvió a la vida civil
y a los 40 años contrae matrimonio y tiene 5 hijos.
A causa de una enfermedad incurable fallece su primera mujer.
Ya habían surgido las luces del siglo 20, cuando a los 63 años, Félix
reinventa su vida. Conoce en un paseo del puerto de Valparaíso a una
muchacha de 23 años, fotógrafa. Félix se enamorará de doña Alejandrina
Silva Torres, con quien se casaría en el invierno de 1915 y tendrá 3 hijos,
siendo el primero Samuel Maldonado Silva. Alejandrina, hija de Ricardo y
Petronila, moriría joven, a los 32 años. Fue una existencia demasiado breve
para un paladín tan longevo.
Poco después, Félix no pudo resistir la soledad y contrajo nupcias con
Clotilde Cruz Soto.
Su corazón resistió 2 años. A los 75 años fallece Félix, el paladín,
cuando su hijo Samuel tenía apenas 11 años.
El epílogo
Samuel Maldonado Silva siempre recordó con entrañable admiración a su
padre; pero con la enorme pena de que fue abandonado por él y por los
familiares que lo acogieron, quienes lo alejaron de todo cariño y lo
internaron en una escuela a temprana edad, dejándolo a su suerte. Así,
debió surgir de la nada y hacerce hombre a sí mismo, forjando sus valores,
sus convicciones y fijándose un propósito honesto en la vida.
Recordaba que la última vez que vio a su padre, éste le habló sentado
detrás de un escritorio; le deseó una vida próspera, le regaló sus
medallas de guerra y se despidió sin darle la mano.
Las medallas le fueron quitadas por su tío sostenedor y nunca las
volvió a ver.
Sus novelas y poemas revelan claramente esta frustración y la existencia
miserable de su niñez, la fragilidad de la vida y el desamparo.
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